El cambio climático altera las condiciones ambientales de Sudamérica, lo que modifica el hábitat de roedores y mosquitos transmisores de virus. Según un reportaje de The New York Times, esa migración incrementa el contacto entre fauna silvestre y personas, lo que propaga infecciones poco comunes. Ante aquel panorama, diversos especialistas analizan tales transformaciones territoriales para detectar amenazas sanitarias previas a brotes masivos.
La relevancia de esta situación radica en que las enfermedades emergentes derivan principalmente del reino animal. De hecho, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos afirman que "tres de cada cuatro infecciones nuevas o emergentes en humanos proceden de otras especies". Aunque la ciencia advierte de la imposibilidad de predecir cuál será el próximo patógeno pandémico, resulta crucial identificar los entornos que facilitan su origen.
¿Cómo altera el cambio climático las enfermedades raras en Sudamérica?
Las variaciones en la temperatura y las precipitaciones alteran los hábitats de los roedores portadores de arenavirus. Un estudio publicado en abril de 2026 en npj Viruses alerta que especies como los virus Junín, Machupo y Guanarito desplazarán su amenaza hacia comunidades antes no expuestas. Entre esas patologías destaca la fiebre hemorrágica argentina (FHA), una afección grave transmitida por el contacto con residuos de animales infectados.
El impacto es evidente en la región pampeana, donde la FHA pasó de afectar solo a trabajadores rurales a registrar contagios urbanos en ciudades como Rosario y San Nicolás de los Arroyos. La expansión urbana hacia zonas habitadas por el ratón maicero, sumada al clima cambiante, destruye antiguos nichos y genera nuevos focos de riesgo sanitario en el continente.
Para mitigar el impacto, los científicos analizan datos epidemiológicos, meteorológicos y cartográficos para optimizar la vigilancia y la vacunación. Marcela Uhart, veterinaria de la Universidad de California en Davis, precisó al Times que, si bien no es posible prever la próxima afección emergente, “sí se pueden predecir o entender mejor los factores de riesgo”. Aunque la transmisión entre personas es baja, la prevención resulta prioritaria.
¿Por qué aumentan las enfermedades infecciosas y zoonosis en Sudamérica?
La expansión urbana sobre zonas rurales eleva el contacto entre habitantes y fauna silvestre. El desarrollo de barrios, carreteras y puertos invade territorios donde circulan agentes patógenos desconocidos para la población local. Al respecto, la Organización Panamericana de la Salud advierte que "la urbanización, el desarrollo costero y otras transformaciones territoriales alteran la distribución de infecciones y sus vectores".
Asimismo, la deforestación y la pérdida de biodiversidad modifican los hábitats animales. Varias especies vulnerables desaparecen, mientras que transmisores adaptables —como ciertos roedores— hallan alimento y refugio en viviendas o cultivos. Según la Organización Mundial de la Salud, estas alteraciones ambientales desestabilizan los ecosistemas y propician el encuentro entre especies que antes vivían aisladas.
Finalmente, las fallas en vigilancia, vacunación y diagnóstico agravan la propagación de estas patologías. Frente a la Fiebre Hemorrágica Argentina (FHA), el Ministerio de Salud de Argentina señala que "su letalidad, situada entre el 15% y el 30% sin tratamiento, desciende a cerca del 1% con atención temprana" mediante la dosis Candid #1 o plasma inmune en los primeros ocho días. Por ello, expertos sugieren integrar el monitoreo ambiental, la salud humana y la sanidad animal para prevenir futuros brotes.
Fuente original: La Republica

